Una escuelita de regularización fue el comienzo de un proyecto que creció para acompañar a familias en Cancún. Su fundadora, Emma Magaña, encontró en su propia experiencia la razón para crear un espacio donde pedir ayuda no significara recibir juicios.
Antes de dirigir Manos de Apoyo y Vida, Emma Magaña fue una mujer que necesitaba orientación para salir de una situación de violencia. Era madre de dos hijos pequeños y, mientras buscaba cómo protegerlos y reconstruir su vida, enfrentaba el miedo, la falta de recursos y la incertidumbre sobre el futuro, relató en entrevista para Archivo Activista.
De esa búsqueda nació la intención que más tarde daría forma a la asociación: que otras personas encontraran comprensión, acompañamiento y un lugar donde pudieran sentirse recibidas.
“Debería haber una institución que la gente que pidiera ayuda se sienta en casa”, recordó Emma sobre lo que pensaba entonces. Todavía no imaginaba que ella misma comenzaría a construir ese espacio.
Cuando buscar ayuda también duele
Emma contó que, después de años de matrimonio, su entonces esposo desarrolló problemas de alcoholismo y comenzó a ejercer violencia contra ella. Tomar la decisión de salir de esa relación no era sencillo: además de sus sentimientos, estaban las necesidades de sus hijos y las dificultades económicas para iniciar una separación.
Al acercarse a instituciones en busca de apoyo, aseguró que recibió cuestionamientos sobre por qué permanecía con su pareja. En lugar de encontrar una orientación que tomara en cuenta su situación, se sintió juzgada.
“No toman en cuenta tu inseguridad, no toman en cuenta la vergüenza de ir a buscar ayuda, no toman en cuenta la economía”, expresó. Para ella, esas respuestas ignoraban las barreras que enfrentaba al intentar cambiar su vida.
La experiencia dejó una convicción que después trasladó a su trabajo: la primera persona que recibe a alguien debe hacerlo con empatía. Según explicó, una respuesta hiriente puede hacer que quien reunió valor para acercarse decida no continuar buscando apoyo.
La orientación que necesitaba llegó finalmente a través de un grupo de mujeres y de una psicóloga. Ese acompañamiento le ayudó a recuperar confianza, reconocer sus posibilidades y avanzar hacia la decisión de divorciarse.
“Ellos fueron mi motor para querer salirme de esta vida”, dijo al hablar de sus hijos. Aunque el proceso fue difícil, tanto emocional como económicamente, recibir guía le permitió comenzar una nueva etapa.
Después de vivir ese proceso, Emma quiso que hubiera un grupo de apoyo cerca de su comunidad. Sabía, por su propia experiencia, lo importante que podía ser encontrar a alguien dispuesto a escuchar sin señalar.
Sin embargo, su primer intento no funcionó como esperaba. Según recordó, a muchas mujeres les daba vergüenza reconocer que vivían violencia y les resultaba difícil acudir a un espacio para hablar de ello.
Entonces buscó otra manera de acercarse: ofrecer clases de regularización para sus hijos. La atención de una necesidad escolar se convirtió en la oportunidad para conocer a las familias y comenzar a construir confianza.
“Entonces decidí poner una escuelita de regularización para traer a esas mujeres y funcionó”, relató. Las madres empezaron a llevar a sus niños y el proyecto encontró su primer punto de encuentro con la comunidad.
En la primera reunión, Emma les compartió los avances de sus hijos y también les ofreció un pequeño taller. Después propuso realizar actividades similares con los niños, adaptadas a su edad; las mamás aceptaron.
“Así empezó nuestra ludoteca emocional”, explicó. El proyecto comenzó a atender no solamente el aprendizaje escolar, sino también el desarrollo personal y emocional de quienes participaban.
Ese fue el inicio que Emma recordó al explicar la creación de Manos de Apoyo y Vida: primero un intento por reunir a mujeres, después una escuelita y, a partir del contacto con las familias, nuevos programas para responder a sus necesidades.
Crecer escuchando a la comunidad
El trabajo no se quedó en las clases. Emma contó que las visitas a comunidades también les permitieron identificar carencias materiales y situaciones familiares que requerían acompañamiento.
Recordó viviendas sin piso y niños sin zapatos, pero también personas que necesitaban orientación en distintas áreas de su vida. Conocer esas realidades les ayudó a decidir qué actividades desarrollar.
“Nos dimos cuenta de las necesidades y a base de esas necesidades fue que empezamos a implementar los programas”, señaló. La estructura de la asociación fue creciendo a partir de lo que encontraban en su entorno.
Al momento de la entrevista, Emma reportó 14 años de trabajo y ubicó a la asociación en la región 237 de Cancún, cerca de la Universidad del Caribe. Explicó que sus actividades se organizan en tres programas: educativo, psicosocial y recreativo.
La ludoteca emocional conserva un lugar central en ese trabajo. Mediante temas semanales y actividades, busca acompañar el desarrollo humano de los niños, explicó su fundadora.
A ese esfuerzo se suma el área de enseñanza básica, donde apoyan en lectoescritura, comprensión lectora y matemáticas. Según Emma, reciben tanto a niños que no asisten a la escuela como a otros que necesitan reforzar lo aprendido en las aulas.
Para los adolescentes existe Chavos de Éxito, un taller que los orienta durante esa etapa y en su tránsito hacia la vida adulta. Algunos participantes que antes estuvieron en la ludoteca continúan ahí su vínculo con la asociación.
Las mujeres cuentan con Entre Nosotras, donde una psicóloga ofrece atención grupal y personalizada. Emma explicó que el propósito es ayudarlas a conocerse, valorarse y desarrollar herramientas para expresar sus necesidades.
Cuando una mujer llega en una situación de violencia, identifican sus redes de apoyo y la orientan para acudir a las instancias correspondientes. La asociación, precisó, acompaña la parte emocional mediante sus talleres; no describió su labor como representación jurídica.
Las personas mayores participan en Historia y Vida, un espacio pensado para fortalecer su confianza y reconocer lo que todavía pueden hacer y compartir con sus familias. De esa manera, la atención que comenzó con madres e hijos se extendió a otras generaciones.
También hay oportunidades educativas para adultos mediante el INEA. Emma mencionó a personas de 30 y 40 años que han acudido para estudiar primaria o secundaria y a quienes después animan a continuar con el bachillerato.
Aprender a reconocer el propio valor
Al hablar de los resultados, Emma recordó a participantes que llegaron en situaciones de vulnerabilidad y que después concluyeron estudios de enfermería, odontología e ingeniería civil. Verlos avanzar, aseguró, ha sido una de las satisfacciones de estos años.
Pero aclaró que el objetivo no consiste en exigir una carrera ni en medir la vida de alguien por sus ingresos. Lo que buscan es que cada persona reconozca su valor, aprenda a regular sus emociones y encuentre un camino hacia sus propias metas.
“Lo que ellos necesitan es saber vivir con calidad”, expresó. Desde esa perspectiva, el acompañamiento busca ofrecer herramientas para enfrentar dificultades, no imponer una sola idea de éxito.
Emma tampoco eligió una única historia como la más importante. Explicó que han conocido muchas situaciones difíciles y que cada proceso de recuperación deja aprendizajes en quienes acompañan.
Quienes recibieron también acompañan
Manos de Apoyo y Vida no se sostiene solamente con la dirección de Emma. Al momento de la entrevista, el equipo fijo estaba integrado por tres personas, y una parte fundamental de las actividades dependía de la colaboración voluntaria.
Entre quienes participan mencionó a psicólogas, una maestra de yoga y una maestra que trabaja con personas mayores. También explicó que aportar una o dos horas, una o dos veces por semana, representa una ayuda importante.
“Yo sin mis voluntarios no hago nada”, reconoció. Aunque ella supervisa y orienta el trabajo, atribuyó al equipo y a quienes colaboran un papel esencial en la vida de la asociación.
Algunos niños que salieron de la ludoteca y después participaron en Chavos de Éxito ahora apoyan en las actividades infantiles y con las personas mayores. Así, el acompañamiento recibido se convierte también en una oportunidad de acompañar a otros.
Ese regreso aparece además en Líderes Positivos, un área desde la que organizan visitas y llevan juguetes a comunidades. Emma contó que jóvenes de las primeras generaciones se suman y, cuando tienen formación profesional, ofrecen sus conocimientos: desde medir la presión a una persona mayor hasta aplicar flúor a niños.
Para ella, ver esa participación tiene un significado especial. Más que recibir reconocimiento personal, le satisface observar que quienes encontraron apoyo deciden compartirlo con alguien más.
Un espacio que necesita más manos
Entre los retos pendientes está contar con instalaciones propias. Emma explicó que trabajan en casas rentadas y que, cuando deben dejarlas, necesitan cambiar de ubicación y reorganizar sus actividades.
Un lugar propio les permitiría tener mayor estabilidad y elegir espacios adecuados para responder a más familias. La asociación vive de donaciones y, al momento de la entrevista, esa aspiración todavía no se había concretado.
La invitación de Emma es acercarse y conocer el trabajo antes de pensar que solamente una gran aportación puede hacer diferencia. Para ella, convivir con los participantes permite comprender el valor de una visita, una actividad compartida o una hora de atención.
“El niño se emociona cuando lo toman en cuenta”, afirmó. Esa atención, añadió, también importa para los jóvenes, las mujeres y las personas mayores que participan en los talleres.
Donar tiempo, compartir conocimientos o apoyar mediante donaciones son formas de sumarse a esta labor. Quien desee participar puede comenzar por acercarse a la asociación y conocer cómo colaborar en sus actividades.
“Las puertas están abiertas para quien quiera conocer nuestras instalaciones y nuestra labor”, expresó Emma al cerrar la entrevista. La invitación es a formar parte de un esfuerzo que comenzó cuando ella buscaba comprensión y que hoy procura ofrecerla a otras personas.
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